Cansancio pandémico


Angela M. Angulo | 4/22/2021, 6:16 a.m.
Cansancio pandémico
SECUELAS. A poco más de un año practicando cuidados higiénicos, distanciamiento y restricciones sociales para evitar ser víctima del coronavirus, vivir en riesgo constante, en peligro de ser infectados y morir, nos está pasando la factura silenciosamente. |

Desde la aparición del COVID-19 en el mundo, hace poco más de un año, el cansancio, ese agotamiento físico y mental, ha sido una de las secuelas más duras de sobrellevar para aquellos que han tenido la fortuna de no contagiarse.

El estrés provocado por las restricciones, aunque sutiles y leves en Texas y en este país, comienzan a causar estragos en la población, a pesar de que la crisis aquí ha sido contenida con ligero éxito desde que comenzaron las jornadas de vacunación.

Aunque poco frecuentes, las noticias de contagio en personas que fueron inmunizadas, enciende la preocupación de las personas más sensibles. La intranquilidad provocada por la posibilidad de transmisión del virus, harta. Y vivir con esa amenaza, cansa.

Es difícil mantener la distancia entre personas, sea en el trabajo o en la calle. Peor aún, en Texas uno debe esforzarse para no olvidar que tiene que cuidarse. Vivir todo este tiempo durante la crisis de salud más funesta de los últimos cien años –que una parte de la comunidad trata de ignorar o no toma en serio– ha derivado en un desfogue personal rutinario que se desata en casa: antes de dormir, toda la fatiga mental y física, y el punzante estrés del día por mantenerse alerta, caen encima con dureza.

La Organización Mundial de la Salud define el cansancio provocado por esta crisis con dos palabras: ‘fatiga pandémica’. La situación se hace exasperante cuando las personas, o las familias, experimentan problemas económicos.

El COVID-19 tiene hoy una presencia permanente. Lo natural en los seres humanos es vivir en sociedad, compartiendo emociones y afectos; pero la pandemia acabó con los rituales que nos hacían felices antes de su llegada: disfrutar en vivo de conciertos, cines y teatros; de las competencias deportivas entre los equipos de las diferentes ligas de este país; y de las reuniones sociales con amigos y seres queridos.

Para los pensadores y filósofos la clave para entender el actual agotamiento es la exigencia que se imponen los seres humanos, especialmente en este país, como norma de vida. Antes de la pandemia, el éxito y la fortuna personal eran objetivos que debían cumplirse a toda costa. Con la sensación de libertad total ‘suspendida’, la realidad se altera y vivir conlleva más sacrificios que antes.

La esperanza está puesta en la efectividad de las vacunas y en lo que puedan hacer los científicos y las autoridades para liquidar este oscuro trance y evitar otra crisis de esta magnitud. Por lo pronto, nuestra rutina y la sociedad han cambiado notoriamente y es posible que de forma duradera. Habría que mantener el entusiasmo y las ganas de vivir para recuperar el júbilo de épocas pasadas.

EL DATO

La comunicación digital a la que recurrimos durante la pandemia para acercarnos a familiares y amigos no es completamente satisfactoria.

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