Seamos francos, a nadie le gustan los vendedores. Cuando vas a una consecionaria de autos por ejemplo, sudas frío cuando el vendedor se acerca y comienzas a pensar; “Ay no, ahí viene el vendedor, ¡me va a hacer firmar!”.
Sin embargo, algo que distingue a la gran mayoría de vendedores promedio de los verdaderos profesionales de la venta, es la manera en la que sus prospectos y clientes los perciben. A un verdadero profesional de la venta más que como vendedor se le percibe como un consultor.













