No le está yendo nada bien al gobernador de Texas, Rick Perry, en esta campaña electoral del Partido Republicano para elegir a su candidato presidencial a los comicios generales de noviembre del próximo año.
A sus continuos errores conceptuales sobre diversos temas, la breve pero eterna laguna mental –en términos televisivos– de 45 segundos que padeció en el penúltimo debate ocurrido en Nevada hace unas semanas, así como sus constantes y criticadas alocuciones mesiánicas con la Biblia en la mano, se le sumó el craso error de sus asesores de no permitir el ingreso a un acto público ocurrido en New Hampshire, de quienes no podían acreditar ciudadanía.
La decisión trascendió inmediatamente y los días posteriores de su estadía en ese estado tradicionalmente liberal, fueron realmente desagradables, pues por las calles la gente le inquiría a voz en cuello si de ser Presidente iba a recortar el presupuesto nacional al sector Educación, igual que ha hecho en Texas, a niveles, según sus detractores, jamás vistos desde la segunda guerra mundial.













