Pregúntale a cualquier madre cuál es la experiencia que más orgullo le ha hecho sentir y sin duda dirá: “mis hijos son mi gran orgullo”. Y es que las noches en vela y todos los sacrificios que ha vivido son más gratificantes que cualquier meta alcanzada o fortuna acumulada. Ser madre es el trabajo más difícil pero a la vez el mejor del mundo.
Conozco detalladamente la impresionante historia de una señora que puede sentirse orgullosa de ser la mejor mamá. Esta mujer conoció a un joven viudo quien tenía tres hijos malcriados y desobedientes; una niñita de 11 años y dos varoncitos de 12 y 13. Aún así, decidió casarse y aceptó el reto. No fue fácil comenzar una familia, de la noche a la mañana, con tres “diablitos” que la rechazaban, no la respetaban y la hacían sufrir. Cada noche antes de irse a dormir le pedía a Dios la fuerza para poder seguir criando a estos tres rebeldes, y los dos hijos propios que venían en camino.












