Una de las preguntas que le hago a mis clientes en la consultoría privada es: ¿por qué razón empezó su negocio? Las respuestas suelen ser tan variadas como: “quiero darle un mejor futuro a mi familia”, “comprar una casa”, “pasar más tiempo con mis hijos” o “ganar más dinero”.
Todas estas razones tienen algo en común: libertad. Lo que muchas veces sucede es que en la alocada carrera de los inicios de un negocio, al tratar de aumentar las ventas, darle un buen servicio al cliente y mantener el control de las actividades, esa búsqueda de libertad se va esfumando y el empresario termina convirtiéndose en esclavo de su propio emprendimiento. Esto se vuelve un círculo vicioso: no tengo libertad porque tengo que trabajar y tengo que trabajar para obtener libertad.
Muchos comenzamos con la idea que será una plataforma para desarrollar nuestros talentos y generar un buen ingreso. Cuando comencé mi negocio de publicidad, tenía muchas ganas de mostrar mi talento como diseñador gráfico. Pude hacerme de varios clientes rápidamente; a mis clientes les gustaban los proyectos publicitarios que hacía para ellos, no solamente porque eran bellos, sino que además les generaban enormes ganancias. Llegué al punto de tener una cartera de clientes bastante amplia, por lo que tenía que hacer diseño gráfico, visitas, llevar la contabilidad, contestar y hacer llamadas, enviar mensajes electrónicos y muchas otras tareas. Después de trabajar durante 12 horas llegaba al final del día cansado, desesperado y con un montón de tareas pendientes para hacer al día siguiente. Era un empre-esclavo.
Fue hasta que comencé a contratar empleados que la cadena de la esclavitud empresarial empezó a romperse. Primero contraté una asistente, ella me ayudaba a hacer y recibir llamadas, a contestar correos electrónicos y a organizar mis citas. Cuando tuve más tiempo libre pude dedicarme a hacer ventas. Una vez que incrementé el flujo de ventas logré contratar un asistente de diseño gráfico, y ese fue el comienzo de un maravilloso equipo de personas el cual ha ayudado a hacer crecer mis emprendimientos. Muchas veces me han preguntado, ¿Carlos cómo puedes hacer tantas cosas? Mi respuesta es: “no lo hago todo yo solo, ¡tengo un equipo excelente!”.
El primer paso para romper con el ciclo de ser “empre-esclavo” es tomar nota de las actividades diarias que realizas. Cuando tengas la lista, analiza cuáles de esas tareas diarias puedes delegar. Tus labores principales como empresario son: generar ventas (o crear un equipo que lo haga), entrenar y motivar a tu equipo de trabajo y dirigir tu empresa con una visión clara. Al examinar tus labores diarias te darás cuenta de que muchas de ellas no te llevarán a cumplir con tus labores principales.
Si quieres experimentar hoy mismo un cambio radical en tu vida empresarial, comienza por delegar el doble de las tareas que generalmente delegas. Confía en tu gente, entrénalos constantemente y motívalos todos los días, al hacerlo estarás en camino a convertirte en un verdadero empresario.
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