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Miércoles 22 de Mayo, 2013

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INMIGRANTE SOBRE RUEDAS

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Las limitaciones físicas no son un obstáculo cuando las ganas de salir adelante son tan fuertes como la voluntad misma

Para Elmer, el sueño americano es terminar de pagar la casita en la que vive su madre en Cojutepeque, El Salvador. Pero su mayor ilusión personal es poder desenvolverse sin depender de nadie: “Vine a este país a eso, pero también deseo lograr una atención médica para ser independiente, para moverme sólo y no ser una carga para alguien”.

Elmer Alexander Fuentes es impedido físico desde los seis años, resultado de dos enfermedades que lo atacaron cuando era un indefenso niño. “Me cayó poliomielitis y meningitis, juntas hicieron desastres en mi cuerpo y mis piernas”, cuenta, entre las pausas muy propias del salvadoreño.

Elmer llegó a Estados Unidos en el 2004. Como todos los que han emigrado de su tierra natal, busca una mejor vida para los suyos en El Salvador. Su vida no ha sido fácil, ha debido batallar mucho, no sólo por ser inmigrante, también por ser discapacitado. Depender de una silla de ruedas o de muletas limitan su potencial. Aún así, Elmer se la arregla para salir adelante. Su historia nos invita a una reflexión sobre el tema migratorio, tan amplio y complejo como el gran número de millones de inmigrantes que habitan este país.

 

SU NIÑEZ Y LOS OFICIOS

 

“Mi padre nos abandonó cuando yo estaba muy pequeño”. Con esta frase, Elmer empieza a contar lo que fue el desarrollo de su infancia. Las enfermedades que adquirió cuando pequeño no le han vencido; a sus 39 años aún continúan las ganas de seguir luchando para lograr sus sueños.

“Se pasa demasiadas dificultades al ser impedido físico, pero hay que aprender a sobrevivir, adaptarse a la vida y seguir adelante”, dice Elmer, y lanza un deseo íntimo sobre su padre: “Quisiera verlo y recibir su apoyo. Sé que él vive aquí en Estados Unidos, pero nunca se ha preocupado por buscarme. Cuando estaba en El Salvador lo vi unas cuantas veces, pero jamás he recibido su ayuda”.

Elmer conoce varios oficios, los que aprendió en su infancia: sabe lustrar zapatos, arreglar bicicletas, conoce de mecánica y jardinería. Para realizar estos oficios tiene pocas herramientas, la mayoría regaladas. Pero con ellas, y la fortaleza de sus brazos, se gana la vida.

Nuestro entrevistado posee un vehículo que un buen amigo le cedió para que se lo fuera pagando en cuotas, pero él no ha podido cumplirle. Gracias a Dios, su amigo tiene paciencia, conciente de las dificultades de Elmer, quien se aferra a Dios y a sus amistades para darle un giro favorable a su vida: “El sueño americano no se ha cumplido, pero tampoco es una pesadilla…”, nos dice.

 

LA VIDA SOBRE RUEDAS

 

Elmer ingresó a Estados Unidos el 17 de diciembre del 2004. Recuerda esa fecha como la de su cumpleaños, porque piensa que al llegar a este país empezó una nueva vida: “Llegué con toda la ilusión de poder reunir dinero y enviarle a mi madre para pagar la casita que tiene allá en Cojutepeque (El Salvador). También llegué con el sueño de poder encontrar una atención médica especializada para mejorar mi condición física y no depender –físicamente– de nadie, aunque sé que en la vida uno necesita de los amigos”.

¿Cómo es la vida de un inmigrante con una incapacidad física como la suya?

Imagínese que si los inmigrantes con documentos y en plena forma física pasan ‘trabajos’, para mi es el doble, o tal vez el triple de difícil lograr todo lo que quiero; pero he recibido demasiadas bendiciones de mi iglesia y mis buenos amigos.

A Elmer lo acompaña siempre un triciclo que consiguió cuando vivió en el norte de este país: “El triciclo me lo traje del Estado de Virginia. Un amigo lo vio abandonado en la Ruta 28 en Manassas Park y entre los dos fuimos a recogerlo por la noche. Le cambié las llantas y lo puse a andar… es el transporte con el que me movilizo por acá cerca”.

 

ATENCIÓN MÉDICA Y FAMILIA

 

Para lograr caminar un poco con la ayuda de sus muletas, Elmer fue sometido a siete operaciones allá en El Salvador. Pero él piensa que podría mejorar sus condiciones si fuese sometido a un tratamiento: “Lo que más anhelo es tener la posibilidad de recibir atención médica y saber hasta dónde puedo mejorar mi salud. También deseo saber si puedo procrear, para darle hijos a mi vida; tener una esposa y no seguir solo. Quiero tener una familia”.

Elmer está seguro que logrando la ansiada estabilidad en su salud, puede ser más independiente y aprender otros oficios, o estudiar y mejorar su vida y ayudar a mejorar las de otros: “Algunos seres humanos nacemos con desventajas, pero podemos desarrollar otras capacidades para salir adelante. Nunca es tarde para lograr nuestros sueños. Yo quisiera tener un computador y aprender algo en el que desarrolle mi capacidad mental y no depender de oficios de fuerza, para abrirme a otros horizontes y el día que regrese a mi país poder trabajar no en el campo, sino a otro nivel. Quiero llegar a El Salvador con algo aprendido y con el logro de mis sueños hechos realidad”.


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