No le está yendo nada bien al gobernador de Texas, Rick Perry, en esta campaña electoral del Partido Republicano para elegir a su candidato presidencial a los comicios generales de noviembre del próximo año.
A sus continuos errores conceptuales sobre diversos temas, la breve pero eterna laguna mental –en términos televisivos– de 45 segundos que padeció en el penúltimo debate ocurrido en Nevada hace unas semanas, así como sus constantes y criticadas alocuciones mesiánicas con la Biblia en la mano, se le sumó el craso error de sus asesores de no permitir el ingreso a un acto público ocurrido en New Hampshire, de quienes no podían acreditar ciudadanía.
La decisión trascendió inmediatamente y los días posteriores de su estadía en ese estado tradicionalmente liberal, fueron realmente desagradables, pues por las calles la gente le inquiría a voz en cuello si de ser Presidente iba a recortar el presupuesto nacional al sector Educación, igual que ha hecho en Texas, a niveles, según sus detractores, jamás vistos desde la segunda guerra mundial.
No faltaron preguntas sobre sus propuestas de recortar también los beneficios del Medicare y del sistema de seguridad social en general, que le fueron lanzadas por personas que lo reconocían durante una entrevista que ofrecía a unos periodistas locales, lo que lo incomodó mucho.
Pero la cereza del pastel la pusieron los comensales que se encontraban, paradójicamente, en una panadería de la ciudad de Portsmouth, a la que Perry se le ocurrió visitar. Simplemente lo obligaron a abandonar el lugar con sus protestas por su presencia y hasta aparecieron carteles que fueron hechos al momento, con frases realmente ofensivas. Como aquel que decía “Another Texas idiot for sale” (otro texano idiota en venta).
Lo que en agosto, cuando anunció su candidatura, parecía iba a ser un Derby en el que él iba a ser el gran triunfador con el apoyo del Tea Party que se tradujo en muchos millones de dólares, se ha convertido en una parada de borricos. Le aconsejamos el retiro decente, antes de la derrota humillante.













