Hace un tiempo, la primera ministra de Alemania, Angela Merkel predijo, en un arranque de sinceridad desalentador, que la actual crisis financiera de la Unión Europea que ya está afectando no sólo al viejo continente sino al mundo entero, persistiría como mínimo 10 años, antes de que se vislumbre alguna solución duradera.
Sin embargo, y paradójicamente bajo su liderazgo, de los cinco países miembros de esta comunidad en donde la recesión económica mundial que se inició el 2008 pegó más fuerte, es decir, España, Grecia, Italia, Portugal e Irlanda, en estos dos últimos la situación viene mejorando y ya casi han resuelto al menos en el aspecto macro, sus dificultades.
Y para ello, ha sido vital, más allá de las nuevas recetas económicas, el hecho que éstas fueran aplicadas bajo la conducción de nuevos gobernantes, y esto ha sido entendido por el ahora ex primer ministro griego George Papandreu y su símil italiano Silvio Berlusconi, y aunque éste ha condicionado su renuncia, al parecer será cuestión de días. En el caso de España, es casi seguro que el candidato conservador Mariano Rajoy, gane en los comicios del 20 de noviembre. Y con él, vendrá el cambio que todos esperan.
¿Y cómo está afectando esta crisis a América Latina? Al parecer, por el momento el efecto es mínimo dado el impresionante crecimiento de sus economías en estos años gracias a sus exportaciones a Asia, especialmente a China. No obstante ello, hay que bajar la guardia pues si a pesar de los cambios que se avizoran en España, su recesión continúa, por el alto nivel de comercialización de esta región con la Madre Patria, la inseguridad sigue latente. Y más aún si consideramos que muchas de estas transacciones fueron hechas en euros, en un afán por no depender del dólar.
Mientras el crecimiento de nuestras economías siga basándose en las exportaciones de materias primas, la historia no cambiará, siempre existirá el riesgo de sucumbir ante una eventualidad en otro país, por más lejano que éste se encuentre.













